EL CONTEXTO ARQUEOLÓGICO

Constituye el contexto arqueológico aquel grupo de materiales culturales que corresponden a un mismo evento de deposición, por lo que no sólo son contemporáneos entre sí, sino que además representan la evidencia directa de una conducta social determinada. Así por ejemplo, un huaco aislado sólo nos puede dar información limitada y restringida a su decoración o a la función inmediata para la cual fue hecho; vale decir: cocinar, almacenar líquidos o servir comida (en términos de forma: olla, botella o plato respectivamente). Sin embargo, la información que nos brinde ese mismo huaco será significativamente superior si sabemos de qué huaca viene (espacio), a qué capa o estrato corresponde (tiempo), y junto a qué otros objetos fue depositado (asociación). El conjunto y naturaleza de los objetos asociados constituye o define el tipo de contexto que ha de investigarse. En consecuencia, el arqueólogo siempre buscará recuperar contextos que indiquen eventos sucedidos en el pasado, como por ejemplo contextos funerarios (entierros humanos), contexto de ofrendas (p. e. pagos a la tierra), contextos domésticos (viviendas), áreas de actividad específicas (talleres de cerámica, textiles, metalúrgicos), etc. La motivación principal de los arqueólogos es la búsqueda e investigación de las asociaciones y la interpretación y definición del tipo de contextos que estos hallazgos representan. Su labor no consiste en la recuperación aislada de objetos.

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